La obsesión PET

Reflexionando durante unas jornadas en el CAPBA sobre planificación para la región del Gran La Plata y la reciente presentación del PET por parte de las autoridades municipales, pensaba sobre la obsesión que hemos desarrollado tanto los planificadores como los funcionarios públicos con los PET (Plan Estratégico Territorial)
En principio quiero aclarar que no tengo nada en contra de planificar el desarrollo. Todo lo contrario, considero que es indispensable ya sea a nivel nacional, provincial o municipal. La mayoría de los países que admiramos (y miramos con cierta envidia) por su calidad de vida han fundado su crecimiento sobre planes de desarrollo hace muchos años atrás, y han tenido la sabiduría de ajustarse a ellos, actualizarlos y modificarlos de acuerdo a los resultados observados como a las nuevas necesidades.
El problema que se plantea en Argentina es la imposibilidad que han demostrado los distintos gobiernos en desarrollar y ejecutar políticas de estado a mediano y largo plazo. Es imprescindible para lograr el potencial que tenemos como país alcanzar la estabilidad política necesaria para salir del vaivén a que hemos estado sometidos durante casi todo el siglo pasado y lo que llevamos del presente y así poder desarrollar políticas de estado. Para ello necesitamos madurar política y socialmente para comprender que ningún gobierno está por encima de las instituciones y que, como en los buques, solo están a cargo del timón por un rato. Después de su turno en el poder vendrá otro a hacerse cargo, y así sucesivamente. La única manera de construir un país sobre bases estables es teniendo paciencia y trabajando con constancia. Los cambios reales no se logran milagrosamente y no se verán de un día para el otro.
Lo que me lleva de nuevo a la reflexión del principio. ¿Cuál es el objetivo que buscan las autoridades gubernamentales con desarrollar PETs? ¿Piensan que solo basta con elaborar un plan y que a través de él lograrán alcanzar soluciones mágicas? Por mejor elaborado que esté el plan, si no hay compromiso político y presupuestario real para llevar adelante las propuestas, el plan es inservible. Se invierte en recursos humanos y económicos para elaborar un plan cuyo único fin real será decorativo, o tal vez sea útil como posa taza en el despacho de algún funcionario.
La pregunta es: hasta que logremos alcanzar cierta estabilidad política y económica que justifique la inversión en planes elaborados a mediano y largo plazo, ¿no sería más conveniente desarrollar alguna metodología de trabajo alternativa más útil y que demande menos recursos del estado? Es solo una pregunta.

 

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